“La naturaleza en cuanto paisaje, es fruto y producto del espíritu teórico. El paisaje es por lo tanto, algo subjetivo, es una  interpretación teórica, una actividad intelectual, realizada sobre una realidad que viene determinada por la morfología de sus elementos físicos, pero en las que intervienen factores estéticos, que le unen a categoría como la belleza, lo sublime, lo maravilloso y lo pintoresco, así como factores emocionales, que tienen que ver con el estado de ánimo de quienes contemplan”.

                                                                                                                       (Joachim Ritter, 1986).

   Cartografía de un paisaje es el resultado de la experiencia en la prestigiosa Beca de Paisaje, Fundación Rodríguez Acosta (Granada) concedida en 2014 . Dicha beca selecciona a seis estudiantes del último curso y estudiantes de Máster de entre todas las Universidades de Bellas Artes de España, para realizar un proyecto de investigación sobre el paisaje que ofrece la ciudad de Granada y su entorno.  El planteamiento que realizo sobre el lugar me obliga a distanciarme del territorio a partir de un punto de vista elevado desde donde se vislumbra las agrupaciones arquitectónicas a modo de cartografía. 

 

   

 

¿Por qué “Cartografía del Paisaje”?

 

La relación entre el arte y la cartografía se remonta en occidente al siglo XVI, cuando los mapas consiguieron el reconocimiento científico y también empiezan a ser considerados como objetos que sirven para soñar con territorios desconocidos y con viajes lejanos. El mapa representa el conocimiento intelectual y la convención lingüística de una sociedad, mientras que el territorio se refiere a la experiencia física relativa al aspecto sensorial.

   En algunos lugares, como en los Países Bajos, los mapas llegaron a ser muy apreciados, llegando a competir con la pintura en los muros de los hogares burgueses durante el siglo XVII. Pasó de ser instrumento de conocimiento científico a ejercer un gran poder de seducción por medio de los topónimos que convierten los puntos grabados en el papel en evocadoras ciudades.

   Manteniéndome fiel a este género desde mis principios en la pintura, tomo el paisaje como  idea de vida y punto de partida para la construcción mental  de una series de paisajes urbanos, casi siempre enmarcada en un entorno rural. Aludiendo así al lugar donde  empezaron a organizarse  la vida en comunidad.

   Una de las principales características más significativas del paisaje urbano es, que estos lugares están dispuestos y construidos por la mano del hombre sobre  terrenos naturales  ya existentes. El contemplar  estos lugares desde el punto de vista alejado, nos ofrece una visión de conjunto que se asemeja a otros lugares conocidos anteriormente y que para identificarlos tenemos que buscar algún elemento que los caractericen, algo habitual es reconocerlos por  la torre de la iglesia o algún edificio sobresaliente.

 

    Como sabemos, el término “paisaje” surgió en Europa en el siglo XVI en el ámbito de la pintura, para nombrar un tipo de cuadro en el que no se narra ninguna historia, sino que se muestra un territorio tal como se ve a lo lejos. Desde entonces la pintura ha sido una escuela de la mirada y a través del arte hemos ido aprendiendo a ver el mundo, a distinguir la diversidad de sus escenarios y a ejercer una proyección sentimental sobre el territorio. La palabra paisaje no existía anteriormente porque no se consideraba ni un fragmento de la naturaleza ni un objeto físico, sino como una construcción mental  que se elabora a partir de lo que se ve al contemplar un territorio, un “país”, palabra de la cual se deriva su nombre.

 

    La cartografía del paisaje quiere mostrar con un discurso pictórico dentro del arte contemporáneo, una reflexión sobre la huella que deja el ser humano durante su existencia y las transformaciones que ejerce en su entorno,  produciendo el crecimiento  de las urbes.

                                                                                                                                                

                                                                                                                   José Manuel Albarrán Pino.